El zancudo didáctico

Hasta ese día, Javier no imaginó que un zancudo le ayudaría en su primera capacitación…

 

Javier Vigo, joven ingeniero de 25 años, se orientó a la prevención desde los primeros ciclos. En los trabajos grupales, era el elegido para exponer, no solo lo hacía bien, sino terminaba convenciendo al auditorio. Exponía con la misma facilidad para los temas de letras o de ciencias, sabía entonar las palabras y darles énfasis para reforzar una idea, sus compañeros decían que ecualizaba su voz. A su voz se sumaba sus gestos con las manos, que las movía con la misma precisión de un cirujano. “Para mí la capacitación es un proceso de cirugía mental” solía repetir.

 

Pero, no solo era bueno en la exposición, su otra fortaleza era el diseño del material audiovisual. Era detallista en el tipo de letra, según él, y esta era su particular teoría, cada tipo de letra despertaba distintas emociones,” Si a la palabra le pones una tilde sobre todo en las esdrújulas causa mayor impacto, y si le pones la imagen correcta en la cual el participante se identifica allí si los convences” decía.

La mina en la que ahora trabaja, solicitó un capacitador para el campamento ubicado en la sierra central, los requisitos eran conocer las normas de seguridad y el correcto manejo del power point a nivel experto.

 

Javier estaba convencido que ese pequeño aviso que leyó en el periódico mural de su facultad estaba predestinado para él, tanto así que les pidió a sus compañeros de clase que le tomaran una foto con el aviso. Esta foto será histórica les dijo. Javier apareció en la foto, señalando con el índice derecho el aviso de convocatoria y con el índice izquierdo señalándose. Su rostro mostraba una sonrisa muy parecida cuando lo calificaban con 20 en sus exposiciones. Esa foto fue el preámbulo de un exitoso primer puesto en el proceso de evaluación y selección.

En su primer día en el campamento, la asignaron dictar una capacitación al equipo de maestranza. Sería el próximo lunes, Javier calculó que el tiempo era más que suficiente para preparar una buena exposición. 

 

Cámara digital en mano, se dirigió al área de maestranza, conversó con los trabajadores, anotó ideas, y se entrevistó con el supervisor del área:

- Ingeniero Javier la capacitación será el lunes a primera hora. 

- Si claro que sí, gracias. He venido para tomar unas fotos y obtener algunas ideas para mi exposición.

- Que bueno ingeniero, como se ha incrementado el trabajo en el área, hemos contratado urgentemente a 20 nuevos obreros de la zona. Esta semana pasan examen médico y el lunes a primera hora los tendrá sentaditos en el aula de capacitación. Ya está coordinado los refrigerios y no se olvide de la lista de asistencia firmada, nos ha llegado la información que la otra semana nos visitará la SUNAFIL.

- No te preocupes, ese grupo será mi partida de bautizo aquí en el campamento, si vienen los de SUNAFIL los nombraré padrinos.

 

Frente a su Pc, Javier diseño su presentación con esmero, utilizó el photoshop para crear efectos que destaquen las condiciones inseguras del área de maestranza, resaltó con color rojo las palabras prevención, seguridad y conductas seguras. Calculó 28 láminas y una evaluación al final de su exposición, total 2 horas 30 minutos.

 

El día anterior a su presentación, Javier probó su presentación en la sala de capacitación, proyectó su primera lámina cuyas letras rojas contrastaban con el fondo amarillo intenso. Perfecto, pensó. Caminó por el aula, encendió los parlantes, probó el micrófono, comprobó que el sonido envolvente 5.1 se escuchaba a la perfección. De las 28 láminas, 20 serían de teoría, en las 8 últimas estarían las fotos y videos. ¡Listo!!!  dijo y abandonó el aula. Ya era de noche y comenzaba a llover.

Programó su despertador a las 6 de la mañana. Al momento de apagar luz, pudo escuchar las gotas de lluvia estrellándose en el techo de su habitación. Mañana será el día D repitió varias veces. Su voz fue apagándose cediendo ante el sonido de las gotas de lluvia.

Muy buenos días, mi nombre es Javier Vigo, hoy vamos a ver un tema que nos ayudará a desarrollar un trabajo más seguro.

 

Javier encendió la PC, la primera lámina iluminó el frontis de la sala. 

A ver ¿quién ha escuchado este tema? preguntó levantando la voz

Solo obtuvo el silencio de los asistentes.

Es un público tímido, así es al principio, pensó

Señalando a un participante, le dijo

- A ver tú, ¿Qué entiendes por conducta segura?

- Nada señor ingeniero

- No se preocupen, para eso estamos aquí, para aprender ¿Quién nos puede apoyar? preguntó al público.

 

Si la anterior respuesta fue el silencio, esta última convirtió a los asistentes en seres inmóviles, petrificados por la pregunta. Algunos cerraban los ojos, otros se preguntaban algo en silencio, se oyó voces quechuas, dialectos irreconocibles para el oído de Javier.

¿Pasa algo?  preguntó haciendo énfasis en la interrogación.

Proyectó la segunda lámina, título: causas de los accidentes, letras rojas en fondo negro. Hay una imagen en el centro de la lámina: una persona soldando sin mascarilla protectora, una fuerte luz, emanaba del choque de la vara de la máquina de soldar.

- Quién puede hacer un comentario de la lámina?

- Hay un señor parado cerrando los ojos

- Perfecto ¿y por qué está cerrando sus ojos?

- No ha dormido bien, alguien contestó.

- y … ¿qué creen que puede pasar si sigue trabajando de esa forma?

- Tendrá sueño y se quedará dormido, dijo otra voz, esta vez con mayor seguridad.

 

Javier notó que no lo hizo en tono de burla. Caminó lentamente por el aula para que el grupo no notara que su rostro comenzaba a sudar. Miró por la ventana: solo encontró zancudos muertos.

Retomemos el tema chicos, a ver ¿quién puede leer en voz alta lo que está escrito en la lámina?

Otra vez regresó el silencio.

Tu por favor, señalando al primero de la fila, un tipo delgado a cuya sonrisa le faltaba un diente.

- Lee en voz alta lo que dice en la lámina.

- Ingeniero no se leer.

Javier sintió su rostro frío, muy frío casi helado. Recordó un muñeco que le regalaron en navidad cuando tenía cinco años, ojos fijos bien abiertos, brazos rígidos, manos engarrotadas, y el abdomen duro como piedra y sobre todo la cabeza dura, así se sentía, hasta que el zumbido de un zancudo lo sacó del trance. Gracias zancudo le dijo con voz casi imperceptible.

Alguien de aquí ¿puede leer lo que está en el ecrán?

 

Se escuchó una voz gruesa, firme, con autoridad como si estuviese dando un mensaje a la nación. Ingeniero, se levantó una persona que parecía tener más edad, al menos eso parecía. La semana pasada, los ingenieros de aquí fueron a la comunidad y nos dijeron si queríamos trabajar, así que dejamos los picos, las palas y el campo, por eso estamos aquí, somos dirigentes de la comunidad, trabajamos para que nuestros hijos sean mejores que nosotros, nosotros no sabemos leer ni escribir, solo trabajar y lo hacemos bien. Nos dijeron que aquí la paga es buena, se duerme en buena cama, hay baños y buena comida. Se trabaja, se cobra y se vive ¿para qué necesitamos leer? ¿sí o no, compañeros? 

Claro, claro dijeron los demás y aplaudieron con fuerza.

Javier recordó que el objetivo de la reunión era que los participantes reconozcan una situación insegura de una condición segura.

 

Ingeniero, vamos a cerrar las ventanas porque los zancudos están comenzando a entrar. 

Está bien les dijo, mientras se dirigía a la ventana. El viento frío golpeándole el rostro lo trajo a la realidad. Solo observó decenas de zancudos ingresando al aula. 

Bien chicos, ahora vamos a continuar la clase. Apagó la PC y los parlantes.

Se frotó las manos, se percató que tenía un zancudo muerto que resaltaba en su casaca oscura. Lo cogió como si los dedos de su mano derecha fuera una pinza, lo hizo lentamente para que lo miraran, ahora sí, de nuevo el auditorio en silencio. La Pc, los parlantes y el ecrán pasaron a un segundo plano, inclusive Javier Vigo. Ahora el protagonista era el zancudo que era elevado lentamente, como si las manos de Javier quisieran llegar al techo. 

- ¿Ustedes saben qué es lo que tengo en mano?

- Si Ingeniero, es un zancudo, dijeron al unísono. 

- Lo que tengo en mi mano nos ayudará en la capacitación de hoy

- ¿Cómo así ingeniero? se inquietaron y comenzaron a levantarse de sus asientos.

- ¿Este animal que tengo en la mano cuanto mide?

- Mide poco ingeniero, mide menos de un centímetro, respondió el gordito de la primera fila.

- ¿Están de acuerdo? preguntó al ingeniero

- Si claro que sí, nadie ha visto uno más grande, contestaron.

- ¿Y cuánto pesa un zancudo? preguntó esta vez señalándolo con su índice izquierdo.

- Casi nada ingeniero, la otra vez yo junté cien zancudos y pesaban menos que un grano de choclo.

- Cierto, no pesa casi nada y miden muy poco, pero ¿saben qué?

-¿Qué? contestaron los asistentes. Cuando Javier escuchó esto y se dio cuenta que todos lo miraban atentamente, comprendió que la clase había empezado.

- Este pequeño ser, son como las condiciones inseguras en el lugar de trabajo.

-Ingeniero, creo que le está afectando la altura ¿qué relación hay entre el zancudo y las condiciones inseguras? 

- Cuando están en su cama ¿qué hacen si aparece un zancudo?

- Hay que matarlo, porque nos fastidiará toda la noche con su zumbido, o nos chupará la sangre.

- Y para matarlo ¿qué hay que hacer? replicó el ingeniero

- Hay que saber dónde está y eliminarlo, contestaron desde el fondo del aula.

- ¿Y si lo dejo toda la noche? volvió a la carga con sus preguntas 

- No vas a poder dormir bien.

- Correcto, chicos, muy bien

- Entonces, este pequeño animal, tiene el poder de no dejarnos dormir si lo dejamos que exista.

- Pero es normal que los zancudos ingresen a la casa

- Claro, solamente cuando los zancudos no te dejan dormir o te pican, recién te das cuenta que son peligrosos. Igual sucede en el centro de trabajo, hay condiciones que están presentes y que pueden ser peligrosas, pero no nos damos cuenta o no le damos la importancia debida.

- Tiene razón ingeniero

- Ahora, quiero que todos tomen asiento y me digan los zancudos que están presentes en esta aula, y qué pasaría si dejamos que existan. Tienen cinco minutos.

Los participantes comenzaron a mirar a todos lados, dado vuelta la cabeza en forma de circulo. Tocando lo que podían carpetas, sillas, ventanas. el piso y el techo no se les escapó de la tarea.

 

Tieeeempooooo, chicos tomen asiento por favor.

Los felicito por este ejercicio, veo que todos han trabajado, un fuerte aplauso para ustedes.

Ahora si los escucho, por favor díganme qué zancudos han encontrado en esta aula.

-Ingeniero hay una ventana rota y si no la tapamos puede entrar un viento frio y podríamos enfermarnos

- Buena ¿Qué más?

- En mi sitio hay un clavo oxidado en punta, si me siento allí puedo romperme el pantalón o causarme una herida.

- Excelente

- Esta silla tiene una pata que esta por romperse, si se rompe me puedo hacer daño como romperme la cabeza

- Genial ¿Qué más?

- La puerta del baño se abre y se cierra con dificultad, podría quedarse alguien atrapado

Otra más, otra más, otra más…

 

Y así continúo la clase del Ingeniero Javier Vigo, durante dos horas y media. Al final los participantes aplaudieron por la clase, agradecieron al ingeniero y se retiraron.

Javier Vigo, fue el último en irse, cogió sus cosas y cuando estaba por cerrar la puerta del aula, regresó al escritorio para verificar si quedaba alguna de sus pertenencias. En el medio del escritorio, solo quedaba el zancudo que encontró en su casaca.

 

Se acercó lentamente, como si quisiera confesarle algo al zancudo.

Gracias zancudo, le dijo y procedió a retirarse.

 

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